Último boletín:

Espiritualidad

La unión con el Papa y con la Iglesia

La Iglesia es divina y humana y, en su dimensión humana, es frágil y pecadora, y así tiene necesidad de hacer penitencia. La Iglesia es Luz del mundo, "Lumen Gentium", pero frecuentemente los males del mundo en que vive se convierten en enfermedades que atacan a la parte humana de la Iglesia. Esto está comprobado por sus casi dos mil años de historia.

Hoy la Iglesia vive en un mundo que ha construido una nueva civilización secular. El espíritu de este mundo, o el secularismo, que ha entrado en su interior, ha causado el estado de gran sufrimiento y de crisis en que la Iglesia se encuentra. Es el famoso "humo de Satanás", de que hablaba Pablo VI, de venerada memoria. El secularismo, en el nivel intelectual, lleva al "racionalismo", y en el nivel de vida, al "naturalismo" y al hedonismo.

A causa del racionalismo, existe hoy en día la tendencia a interpretar de manera puramente humana todo el misterio de Dios y el depósito de la verdad revelada, y así se niegan, con frecuencia, los dogmas fundamentales de la fe y se difunden los errores más graves de manera escondida y ambigua. A veces, estos errores se enseñan aún en escuelas católicas y, así poco o nada se salva de la Divina Escritura e incluso del Evangelio de Jesús. "Habéis compuesto un Evangelio para vosotros con vuestras palabras" (25 septiembre, 1976).

Debido al naturalismo, hay ahora la tendencia de dar gran valor a la propia acción personal, a la eficacia y a la programación en el sector apostólico, olvidando el valor primario de la Gracia Divina y que la vida interior de unión con Cristo, es decir, la vida de oración, debe ser el alma de todo apostolado. De aquí se origina la pérdida gradual de la conciencia del pecado como un mal y el descuido del Sacramento de la Reconciliación, que se ha difundido ahora en toda la Iglesia.

Contra estos errores que, de manera solapada y peligrosa, atacan a la integridad de la fe, se ha pronunciado claramente el actual Papa Benedicto XVI cuando era el Cardenal José Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con su famosa entrevista, publicada en el libro "Informe sobre la Fe". Pero también ahora disfrutamos de su Magisterio. El Papa se pronuncia a menudo con firmeza e insistencia.De ahí este Año de la Fe y de su preciosa Carta Apostólica " Porta Fidei". Así surge espontáneamente la pregunta: ¿Cómo es posible que la Iglesia no haya salido todavía de su profunda crisis de fe?. La persistencia de la crisis en la Iglesia depende sólo de su desunión interior. A causa de ésta, hoy, no todos escuchan y siguen todo lo que el Papa indica con su Magisterio.

La Virgen ha obtenido para la Iglesia, en estos últimos tiempos, dos  grandes Papas: Juan Pablo II, consagrado a su Corazón Inmaculado, y que Ella misma condujo por todos los caminos del mundo para difundir la Luz de Cristo y de su Evangelio de salvación y para confirmar en la fe a todos, Pastores y rebaños a ellos confiados.Esta labor admirable    la sigue con admirable claridad el actual Papa Benedicto XVI.

Pero, en torno al Papa hay a menudo un gran vacío: su Magisterio no es apoyado por toda la Iglesia y muchas veces su palabra cae en un desierto. Y sin embargo, la renovación de la Iglesia sólo se logra a través de su interior unidad. Por tanto, el camino que debe recorrerse es el de plena unión de todos los Obispos, Sacerdotes y fieles con el Papa.

Así queda explicada la profunda razón del segundo compromiso del Movimiento Sacerdotal Mariano. La Virgen nos pide hoy que sirvamos de ejemplo a todos para esta unidad. En amar al Papa, en orar y sufrir por Él, en escuchar y difundir su Magisterio, y de modo especial en obedecerle siempre en todo. La Virgen quiere que vuelva a florecer en el clero el ejercicio humilde y fuerte de la virtud de la obediencia. Naturalmente, la obediencia al Papa, el cual es punto de referencia y de comunión con el Obispo, implica la comunión de obediencia con el Pastor de la propia diócesis y con los propios superiores.