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Apariciones de la Virgen María

6ª Aparición (13-octubre-1917)

Bajo la expectativa del milagro anunciado y por la divulgación en la prensa de las Apariciones, llegaron a reunirse más de 50.000 personas, a pesar de que la lluvia caía torrencialmente.

Al mediodía, comienza el diálogo entre la Virgen y Lucía:

  • ¿Qué es lo que Vd. quiere de mí?.
  • Quiero decirte que hagan aquí una capilla.
  • ¿Y cómo se llama Vd.?.
  • Soy la Señora del Rosario. Continuad rezando el rosario todos los días, para que Dios perdone vuestros pecados y para que la gente vaya al Cielo. Si se enmendasen, la guerra acabaría hoy mismo; esperad los soldados, porque volverán pronto.
  • Tengo muchas cosas que pedirle. ¿Quiere atenderlas, o no?.
  • Algunas sí, otras no.

Y entristenciendo, la Virgen dijo:

  • No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido.
  • ¿No quiere nada más de mí?.
  • No quiero nada más.

"Y abriendo las manos - dice Lucía - las hizo reflejar en los fulgores solares y, mientras se elevaba, su propia luz continuaba proyectándose en el disco luminoso". Lucía señaló hacia el sol y gritó al pueblo: "¡Miren al sol!".


El cielo oscuro y lleno de nubarrones comenzó a abrirse y apareció el sol. Éste parecía oscuro y plateado, de tal manera que no dañaba la vista. Proyectaba los colores del arco iris que se iban reflejando en las nubes, las personas, los árboles y el aire. Y, entre tanto, giraba sobre sí mismo, y por tres veces bajó hasta la altura del horizonte como si cayese sobre la tierra.

La danza del sol duró unos 15 minutos y mientras tanto, unos lloraban, otros gritaban de admiración o terror, muchos se arrodillaban y pedían perdón a Dios y a la Virgen, ... Al finalizar el milagro, la gente pudo comprobar que sus ropas estaban completamente secas.

Los niños, durante ese tiempo, permanecían en éxtasis con otras visiones. Lucía lo nara así:

"Desaparecida la Virgen en la inmesa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño Jesús y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al mundo con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a la Virgen que me parecía ser Nuestra Señora de los Dolores. También Nuestro Señor parecía bendecir el mundo. Desaparecieron de nuevo y me pareció ver todavía a Nuestra Señora con las características de la Virgen del Carmen".

El 17 de octubre, O Día, principal diario de Lisboa, publicó lo siguiente:

"A la una de la tarde, la lluvia se detuvo. El cielo, de color gris, iluminó todo el paisaje con una luz extraña. El sol tenía un velo sobre él y era fácil apreciarlo. El color grisáceo se tornó en plateado que hizo que las nubes se separaran y dieran la vista de este color plateado rodeado por el color de las nubes. Se dejo escuchar un grito de toda la multitud y se arrodillaron sobre el suelo lodoso. La luz se hizo azul, como cuando una luz penetra por la catedral y se derrama sobre toda esta gente quien estaba arrodillada con las manos elevadas. El azul fue desvanesiéndose hasta tornarse en amarillo. Este amarillo cayó en contra de los pañuelos blancos ceñidos en las faldas obscuras de las mujeres. Los rayos se reflejaron en los arboles, en las piedras y en la sierra. La gente lloró y rezó con sus cabezas descubiertas ante la presencia del milagro que habían estado esperando".