Último boletín:

Prólogo

Méritos y límites del Libro

Los méritos y límites del libro derivan de ser un sencillo, pero precioso instrumento, para el Movimiento Sacerdotal Mariano:

1. Es un medio precioso para su difusión.

El M.S.M. se halla ahora difundido en todas partes y ha llegado, siempre, a través del libro. Éste ha sido traducido espontáneamente a las principales lenguas, y así ha podido dar a conocer a los Sacerdotes la urgente invitación de la Virgen a consagrarse a su Corazón Inmaculado. Desde todos los continentes, los Sacerdotes, atraídos por su invitación maternal, han respondido con su adhesión al Movimiento, se han confiado a María, han comenzado a reunirse en Cenáculos y, de este modo, la obra de la Virgen ha logrado difundirse en todas partes y llegar incluso a los lugares más remotos y lejanos de la tierra.

Cuando don Esteban llega a los lugares, aún a los más recónditos, para participar en un Cenáculo, tiene la grata sorpresa de ver que el Movimiento ya se ha difundido en ellos, y en consecuencia debe reconocer que el medio de una difusión tal, ha sido siempre el libro. El libro, pues, cumple, de manera admirable, su cometido de hacer conocer en todas partes el Movimiento Sacerdotal Mariano.

2. Es un medio precioso para la comprensión de su espíritu.

La meditación del contenido del libro consigue a menudo, obrar verdaderas transformaciones en las almas. Ayuda a vivir el espíritu de la consagración y, a veces, deja en los Sacerdotes la impresión de responder a sus propias necesidades, les da valor para superar las circunstancias difíciles, los conduce gradualmente a hacerlo todo con María, por medio de María y en María. Los millares de cartas de adhesión, enviadas por Sacerdotes a los distintos Centros nacionales, testimonian esta realidad.

Voy a citar, como prueba, algunos pasajes de tres cartas de Sacerdotes, que he recibido:

De un Sacerdote italiano: "Tengo vuestro libro, que me dio a conocer mi Obispo, ya fallecido. El lo leía habitualmente, lo tenía siempre en sus manos y, cuando la vista comenzó a fallarle, era yo quien le leía algunas páginas. Se deleitaba con su lectura, porque le servían de gran provecho espiritual y encontraba en ellas alegría y fervor".

De un Misionero del Brasil: "Mi temor es detenerme, y esto por muchos motivos. Los cuales pueden clasificarse como tentaciones fáciles, que, de una manera u otra, son mi alimento de cada día. Pero después, meditando el libro, renuevo mi acto de abandono en el Corazón Inmaculado de María y, poco a poco, renace la confianza. ¡Cómo quisiera vivir la certeza de ser propiedad de María!".

De un país de América Central: "Soy un Sacerdote reducido al estado laical desde hace 14 años. Habiendo sufrido una grave crisis de fe y moral, dejé de orar. Soy profesor en una gran universidad. He tenido en mis manos vuestro libro, pero pasé muchos meses sin leerlo, creyendo que sería algún manualito común y corriente de devoción mariana. Por fin sentí el deseo de abrir el libro, que aún no había abierto. Yo no sé lo que pasó en mí. Desde la primera página se despertó en mí un deseo creciente de leerlo más y más, un fervor, un renovado amor a Jesús y a su Iglesia. Recordé, entonces, lo que había aprendido en el seminario: a Jesús por medio de María. Me preparé durante todo el mes de noviembre y el 8 de diciembre hice mi consagración al Corazón Inmaculado ".

Son, pues, méritos innegables del libro, sus grandes logros en contribuir a la difusión y comprensión del espíritu del Movimiento Sacerdotal Mariano.

3. Límites del libro.

Los límites del libro, como puede verse, son los propios de un instrumento, que sin duda es pobre y pequeño. Su pobreza y pequeñez resaltan de varias maneras.

Ante todo por la forma: el libro, en efecto, se presenta bajo la forma de "locuciones interiores", y esto podría ser, para muchos, piedra de tropiezo para su aceptación. Pero, ¿Para quiénes? En general, para los que tienden a rechazar toda forma de intervención sobrenatural, ya que sólo aceptan lo que pueda pasar a través de su propio juicio racional. Pueden ser, incluso, personas buenas, preparadas, cultas, pero se creen dotadas de una mentalidad superior y se escandalizan ante la extrema pequeñez de un instrumento como éste.

También por el contenido se percibe su pequeñez. El libro, en efecto, no es un tratado de teología, ni de mariología, y no se presenta como un compendio completo de devoción mariana.
Ni siquiera desarrolla, de manera sistemática, las razones bíblicas y teológicas en favor de la experiencia espiritual de la consagración a María, y que, sin duda, son de gran peso y valor, como lo comprueba el tratado de Monfort sobre la verdadera devoción. En él se expone, con un lenguaje sumamente sencillo, lo que la Madre Celeste quiere hoy de los Sacerdotes, sus hijos predilectos.

Se trata de páginas escogidas de un diario, cuyo contenido, sin embrago, corresponde a la doctrina revelada y a la enseñanza de la Iglesia. Tiene el sabor de un coloquio entre Madre e hijos, en un estilo que, al primer impacto, puede parecer demasiado dulce, en unos casos, y demasiado áspero, en otros. Además, algunos temas se repiten con machacona insistencia, mientras otros son casi ignorados.

No estamos frente a una obra escrita sobre una mesa de trabajo, en la cual se desarrolla un esquema previamente trazado. Para que la desilusión no lleve al rechazo del libro, téngase presente también que aquí se presupone todo lo que debe saber un Sacerdote, es decir, para su vida interior, para su apostolado, para vivir en comunión con toda la Iglesia y con el mundo, él debe sacar aguas de las fuentes de la Revelación y del Magisterio y beber del manantial de la sana filosofía, de la teología, de la literatura, de la ascética y de la mística.

De hecho, la base teológica del M.S.M. está constituida por toda la doctrina mariana contenida en la Sagrada Escritura, ilustrada por los Padres y expuesta por el Magisterio de la Iglesia. El libro no pretende ser un compendio de la misma, porque existen ya en la Iglesia instituciones especializadas para este fin.

Nada, por tanto es más contrario a la verdad que la idea, que se forman algunos, de encontrar entre los adheridos al Movimiento Sacerdotal Mariano a Sacerdotes alérgicos a la sana ciencia teológica, o sentimentalistas o crédulos. Al contrario, se puede serenamente afirmar que entre los adheridos al Movimiento se hallan Sacerdotes que destacan particularmente en el área de la cultura, otros ocupan puestos de gran responsabilidad, otros dedicados a oficios humildes, cada cual con sus méritos y sus defectos, pero todos ellos figuran entre las personas interiormente más equilibradas.

Un Sacerdote de Irlanda ha observado que en el libro están compendiados la doctrina de Monfort sobre la consagración a María, el camino de la infancia espiritual de Santa Teresita del Niño Jesús y la actuación del mensaje de Fátima. Cada uno tiene la tarea de verificarlo por sí mismo. Yo creo, que verdaderamente, se da esta síntesis en el libro porque, para vivir la consagración a María, es necesario ofrecerse a Ella en una esclavitud de amor, la cual se realiza concretamente si vivimos como hijos confiados a su Corazón Inmaculado y con la mayor docilidad nos dejamos nutrir, vestir y conducir por Ella en todo momento.

Quizás ahora, puede surgir, una pregunta sumamente interesante: ¿Por qué la Virgen ha querido escoger un instrumento tan pequeño y limitado como Éste?. He aquí la respuesta: "Tú no has entendido, hijo mío, que Yo he escogido la necedad para confundir a la sabiduría, y la debilidad para derrotar a la fuerza", (27 de septiembre, 1973). ¡Aquí está todo el secreto!. Pero es el mismo secreto del Evangelio. Jesús no condenó a los doctos y a los sabios, pero dio gracias al Padre Celestial por haberles escondido los misterios de su Reino y habérselos revelado a los pequeños.

Ciertamente, todo adherido al Movimiento Sacerdotal Mariano tiene el deber de leer y meditar cuanto está contenido en el pequeño, pero precioso instrumento que es este libro, si quiere vivir su acto de consagración al Corazón Inmaculado de María y contribuir así a realizar su maternal designio de salvación y misericordia.