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Nuestra Señora en el Corazón de la santísima Trinidad

“Mira, hijo, a tu Madre Celestial. ¡Mira, que hermosa es!”

                         (8/Noviembre de 1976)   

 

En esta nueva fase de nuestro Movimiento, consagrado a la meditación de los mensajes y viviendo este contenido con fe, aceptamos su invitación a contemplar estos regalos con que Su Alma está dotada y sus consecuencias para nosotros. Es justo, para Jesús insistir que Su Madre sea venerada en la completa medida de la dignidad a la cual Él la ha elevado a Ella. En la medida en que reconocemos esta dignidad y poder, podemos buscar Su ayuda en la completa medida de que Su Corazón nos sostiene y podemos reconocer Su mano en lo que recibimos. Seria posible para nosotros de ser dados estos regalos en silencio, a escondidas, de una manera anónima, pero Él desea que Ella tenga Su papel en estos regalos para que sea venerada con gratitud por todos sus hijos. 

 Esto es tan importante en la época de Maria en la cual nosotros vivimos. En esta meditación, escuchamos a Nuestra Madre que nos dice:

“Soy la Mujer vestida del Sol. Estoy en lo íntimo de la Trinidad Divina. Hasta que no sea reconocida allí donde me ha querido la Santísima Trinidad, Yo no podré ejercer plenamente mi poder en la obra maternal  de corredención  y de mediación universal de todas las gracias”. (14 de Junio de 1980).

“Estoy en el Corazón de la Divina Trinidad”.

A vivir en la vida de la Santísima Trinidad es el misterio de la vida de cada uno de nosotros, a través de nuestro Bautismo,  en el que Dios abre Su propia vida para abrazarnos, hasta el punto que San Pedro podría hablar de Sus “preciosas y sublimes promesas, para que por ellas os hicierais partícipes de la naturaleza divina”. (2/Pedro 1,4).

El Señor nos ha hablado de nuestro lugar en la vida divina en las maravillosas palabras de la oración de Su Altísimo Sacerdocio:

Para que todos sean uno, Como tú, Padre, en Mí y yo en Ti... Yo les he dado la gloria que Tú me diste, (que es decir el Espíritu Santo) que ellos también sean uno con nosotros...Yo les he dado a conocer Tú Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me has amado (el amor de Dios para Dios, El Padre para El Hijo) esté en ellos y Yo en ellos”. (Juan 17, 21,22,26).

Aquí tenemos la verdadera gloria y la verdadera perfección del regalo  de la  salvación.

Pero, si esta es la gloria de todos los bautizados, lo que está contenido en la grandísima medida de la relación de Ella con la Divina Trinidad de la cual nuestra Madre nos habla en lo que ya hemos citado: ¡ “Yo estoy en El Corazón de la Divina Trinidad”!

Ella aquí nos está hablando de una relación que específicamente y especialmente es Suya porque Ella es la Madre, y esto hace posible Su Misión de corredención y mediación de las gracias.

Para comprender esto, tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: “¿Dónde está ese “Corazón” de la Santísima Trinidad, que ha encontrado la morada privilegiada de Nuestra Madre? Descubrimos la respuesta en el encuentro del amor entre el Padre y el Hijo, que es decir en el Espíritu Santo, Él primero y mayor en la relación de Ella con Él, es por eso, que encontramos a Ella “en el Corazón de la Santísima Trinidad”. Nosotros la nombramos a Ella como la Esposa del Espíritu Santo, pero tenemos que comprender el  significado de ésta expresión porque, es una pálida e imperfecta sombra de la Verdad.

Expresa que, desde el primer momento de Su Existir, el Espíritu Santo tomó posesión de Ella, sin discusión que su propio deseo fue libre, pero penetrando todavía más profundamente en Su Existir, hasta el punto que nada permanece en Ella que no era completamente iluminada por Su Presencia y por Su Gracia. 

Siendo Inmaculada, Su Alma no podía ofrecer el más pequeño impedimento a esta penetración. Viéndolo de esta manera, el nombre de “Esposa” se sostiene por una total unión en que, como San Maximilio Kolbe dice, buscando con gran dificultad palabras que sean adecuadas y todavía no excesivas, “Hacen de Ella casi una Encarnación del Espíritu Santo”.

En este primer paso, sin embargo, nosotros vemos a Ella en el Corazón de la Santísima Trinidad a través de Su total unión con el Espíritu Santo.

Esta realidad encuentra su expresión en los Mensajes, donde nuestra Madre nos habla de Su propia Hermosura. Es el fruto de las Tres Personas, que la prepararon a Ella, en el Espíritu Santo, con todas las gracias que se pueden recibir en una criatura: Llena de gracia (Lc 1, 28). Nuestra Madre nos dice:

“El Espíritu Santo es el único Jardinero en este sagrado recinto. Me cubrió con su luz de amor, me colmó de todos sus dones; me embelleció de su grandeza y me hizo su Esposa. En Mí Corazón Inmaculado se ha operado el divino prodigio”. (29 de Julio de 1977).

Y así, el Corazón de nuestra Madre ha venido a ser el Jardín, del nuevo Edén, en el que el Señor se regocija haciendo Su morada habitual: “Mí Jardín es de Su exclusiva, Propiedad.

Ella describe su Hermosura para nosotros de manera que habla de Su unión con las Tres Personas Benditas, en la luz de Dios:

“Soy vuestra Madre toda Hermosa, hijos Míos predilectos. En este día la Santísima Trinidad refleja sobre Mí su Purísima Luz para que a través de Mí todo el Paraíso, con el coro de los Ángeles y los Santos, pueda cantar a Dios Su mayor alabanza.(8 de Diciembre de 1978).

“El Paraíso está sólo en la luz de la  Santísima Trinidad, con Mí Hijo Jesús y Conmigo”. (15 de Agosto de 1976).

“Soy Hermosa como la luna, que brilla con la luz reflejada del sol, PORQUE MI BELLEZA ES LA MISMA BELLEZA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD QUE ME ENVUELVE, es la plenitud de la Gracia de Dios que me transforma, es su Divina Santidad que me recubre”.(8 de Septiembre de 1990).

Ella es un Icon del Espíritu Santo. Su Inmaculado Corazón es el punto focal de la vida de la gracia, en el que la Santísima Trinidad se abre a Ella Misma para abrazar la entera humanidad redimida y recibir la Gloria de Ellos:

“Si vosotros veneráis Mí Inmaculado Corazón, también le dais alabanza a la Santísima Trinidad. Que recibe de vosotros Su Mayor Gloria, porque ha Hecho de Mí Jardín 

Celestial el lugar de Su Gozo Divino”. (8 de Diciembre de 1978).

 

*  *  *

La Belleza del alma de nuestra Madre estuvo creada  en anticipación de la Encarnación y de Su Divina Maternidad. En el Corazón de Su relación con las Tres Personas Divinas, Ella se había impuesto el silencio a Ella Misma, para pertenecerle completamente  a Ellos y hacer lo que Ellos ordenaran, que encuentra su expresión en Su Fiat, que era repetido constantemente en Su vida. Ella nos dice:

“Movió a Dios a inclinarse hacia Mí, el sentimiento tan profundo que Yo tenía de Mí pequeñez y de Mí pobreza, y mí perfecta disponibilidad al cumplimiento de la Voluntad del Señor”. (25 de Marzo de 1976).

Su deseo era estar siempre en una armonía interior con Dios: el punto esencial de unión, sin que nada más contara para nada. Y así, inclinándose sobre Ella, el Padre deseó que Ella viniera a ser en el tiempo la Madre de Su Único Hijo de quién Él es el   Padre en toda la eternidad. Dando Ella Su Fiat libremente, Su Unión con Dios vino a ser muy fructífera. Ella vino a ser la compañía activa del Espíritu Santo en las acciones externas de la Santísima Trinidad. Ella está envuelta en la entera Misión de la Santificación  de la tierra y de la humanidad. En el himno que cantamos cada día, llamamos al Espíritu Santo “Digitus paternae dexterae”, El Dedo de la Mano derecha de Dios, pero, también se puede decir que Maria tiene el Privilegio de ser “Digitus Spiritus Sancti dexterae”, del cual el primer acto fue: 

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti , Maria, y el Poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra, por eso, el Hijo que nacerá será Santo y se llamará Hijo de Dios”. (Lc, 1,35).

Maria es, por cierto, Janua Coeli o, como Ella nos dice en el mensaje del 7 de Junio de 1981:

“Mi Corazón Inmaculado es la puerta de oro a través de la cual pasa este Espíritu Divino para llegar a vosotros” .

Una vez más, la vemos a Ella en el Corazón de la Divina Trinidad, y “como punto de apoyo de Su actividad”. Y por eso, Ella es la Medianera de todas las gracias, porque está unida al Corazón de la Santísima Trinidad.

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Nuestra Madre está en el Corazón de la Santísima Trinidad también a través de Su Unión con Su Hijo  y por esto, la Contemplamos a Ella dentro del Misterio de nuestra Redención. Recordamos que Ella nos dio a Su Divino Hijo al mundo en orden para que  lo redimiera y restaurara la santidad. Nuestra Madre es el canal del regalo del amor del Padre al mundo por Su Hijo, ahora identificado  con Sus hermanos humanos en Su Cuerpo Místico así que, a través de su purificación, “y que los has amado a ellos como me has amado a mí”. (Jn XVII,23).

Pero, en la vida de las Tres Personas Benditas, ¡que amor debe retornar al Padre!, y aquí una vez más, Nuestra Madre es el punto de apoyo de este movimiento y es la “voz de la Iglesia” como respuesta a la iniciativa del amor del Padre. Ella nos dice: 

“Mí Corazón ha sido enteramente formado para recibir el amor de Dios y para devolvérselo con el ímpetu virginal y materno de una criatura cultivada en el jardín de la Trinidad, al sol divino de un amor recibido y correspondido de manera perfecta”. (14 de Febrero de 1985).        

Nuestra Madre asumió supremamente el cambio de vida del Calvario. Cada momento de la vida de Nuestra Señora estaba poseída de un infinito valor, que tendría que salvar al mundo, y la Madre se quedó a Su lado en todo, unida a través de Su Fiat a Él que dijo:  “Mí deseo es hacer la Voluntad del que Me envió” (Jn IV, 34); por esto Ella formó y preparó a Jesús, y compartió todos los sufrimientos de Él en Su vida entera. Pero, fue en el Calvario que Ella compartió enteramente la tarea de reconciliación de Dios con  los hombres, unido en el amor del Padre y del Hijo en Su Cuerpo Místico.

Miremos a Su Papel en todo esto. Ella no es sacerdote, no pertenece a la orden de Melquisedec, el Sacerdocio de la Iglesia Católica, que está en el corazón de las relaciones entre Dios y el Hombre. Ella no es esto, ni desea serlo:

“Esta labor está reservada sólo para vosotros, Mis Hijos predilectos”.(8 de Agosto de 1986).

Pero hay otra misteriosa realidad presente en el Calvario,  que es, Su Parte en aquellos acontecimientos. Fue una parte que fue exclusivamente para Ella sola, que no podemos aún pertenecer nosotros los sacerdotes de la misma manera, ¿Qué es?

Es imposible reducir la parte de Maria en la acción de los sacerdotes cristianos al simple nivel del sacerdocio común  de los fieles. En orden de comprender este papel Suyo, tenemos que recordar como, el anciano (Simeón profetizó que una espada sería clavada en Su Corazón).  Maria ofreció Su Hijo, todavía incapaz de hablar por Él Mismo porque era demasiado pequeño, en el Templo en ocasión de Su Presentación –lo ofreció a Él a la Voluntad del Padre ( cada hijo primogénito debía ser sacrificado) y por eso, de aquélla muerte, que Ella sabía por los profetas, que Su Hijo tenía que morir por la salvación del mundo. Ella ofreció el Hijo al Padre, Dios a Dios; el movimiento de amor dentro de la vida de la Santísima Trinidad pasaba del Hijo al Padre por el camino del Corazón Inmaculado de Maria. Era un sacrificio que Él solo podría ofrecer en regalo de Sí Mismo, pero Su Madre lo prepararía a Él para esto y ofrecerlo a Él en Su Corazón.

De esta manera, Ella está unida al Padre en la Encarnación del Hijo en la Maternidad Divina y en el Sacrificio, que es, respondiendo al movimiento del Amor que asciende del Hijo al Padre. Otra vez, la vemos a Ella en el corazón de la vida de la Santísima Trinidad.

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Aquél momento en el Calvario, cuando Ella tuvo que tomar parte en el ofrecimiento de Su Hijo. Esto lo podemos encontrar en algunos de los mensajes:

Hoy está aquí Mí puesto: junto a Mí Hijo que muere.... Estoy a su lado para ayudarle a morir. Siento los clavos que penetran en su carne, el desgarro del cuerpo suspendido del patíbulo, su respiración jadeante, oigo su voz que se va apagando en palabras de oración y perdón y me siento morir.

Pero estoy viva bajo la Cruz con el Corazón traspasado y el alma herida, aún milagrosamente viva, porque como Madre tengo que ayudar a Mí Hijo a morir. Nadie comprenderá jamás el secreto misterio de estos momentos. (13 de Abril de 1979).

“Estoy junto a Jesús que muere, para abrazar con mi amor de Madre todo su inmenso dolor. Y me uno perfectamente a Él para beber el amargo cáliz de su gran abandono.(4  de Abril de 1980).

“Mí dolorosa cercanía es fortaleza para su subida al Calvario; mi ofrenda total es una participación interior en su inmenso padecer.

Mi presencia al píe de la Cruz es un profundo acto de cooperación con Él en su designio de Redención”. (2 de Febrero de 1987).

Y hay el mensaje que la Madre repetidamente llora:

¡Permanece, oh Hijo Mío, sobre la Cruz!...(24 de Marzo de 1989).

Todas estas palabras muestran como justo en el Calvario estaba también la Madre ofreciendo, no sólo lo de Ella, de Sus propios sufrimientos, pero también los ofrecimientos Suyos del Hijo al Padre. Ella no puede ofrecernos  como suyo propio el sacrificio de la redención – Sólo el Hijo Infinito y aquellos que, comparten Su Sacerdocio, actúan en la persona de Cristo en el ofrecimiento de la Santa Misa,  pueden hacerlo – pero Ella sería una cooperadora más íntima en el trabajo de la Redención  -   (Corredentora), de una manera imposible para cualquier otra persona, porque Ella era Su Madre y está en el Corazón de la Divina Trinidad. Y así encontramos que:

“En cada momento de esta ofrenda, Jesús quiso Consigo a Su Madre para sufrir y para ofrecer. Por esto, me he convertido en cooperadora con Él en su obra de redención, verdadera corredentora, y soy sobre todo Madre de Jesús como Sacerdote”.(5 de Julio de 1984).

Esta parte que Ella tomó, nos dice, es esto:

“Mí Corazón ha sido el altar, en el que se ha inmolado mi Hijo; el cáliz que ha recogido su sangre, que se ha abierto al gemido de sus heridas y al gran don de su Corazón agonizante”. (29 de Julio de 1977).

“Yo soy la Dolorosa, porque, como Madre, he formado, he hecho crecer, he seguido, he amado y he ofrecido a Mí Hijo Jesús, como dócil y mansa víctima, a la divina justicia del Padre”.(15 de Septiembre de 1986).

“También mí Hijo Jesús ha querido ofrecer al Padre todo su sufrimiento por medio de Mí, y junto Conmigo. De esta manera he llegado a ser verdadera Corredentora, por haber ofrecido libremente mí Hijo al Padre”. (1 de Abril de 1974).

Corredentora porque Ella estaba en el Corazón de la Divina Trinidad en Su Plan de Redención.

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Lo que tenemos aquí es realmente similar al Sacrificio de Abraham. Esto era el sacrificio de un padre, y consecuentemente lo que el Padre Eterno haría para completar en Su Hijo, Su Único Hijo, aquel a quien amaba. Con Abraham , Dios no insistió que él lo llevara hasta el punto de la muerte, porque Isaac prefiguraba Otro, y en el nivel de la DIGNIDAD  SUPREMA. Que sería el Hijo Único del Padre Eterno, a quién Él amaba, quien debía completar aquel sacrificio con Su muerte.

Al lado del sacrificio del Padre, y estrictamente en unión con él, fue el sacrificio de la Madre. Maria en unión con El Padre, con Su Fiat tuvo que ofrecer el mismo ofrecimiento con El Padre, de la Segunda Persona de la Trinidad.

Ella no era, debemos decirlo otra vez, el sacerdote – Su Hijo era el Altísimo Sacerdote – pero,  en su cooperación con Jesús, Ella puede ser llamada La Madre con el Corazón Sacerdotal.

“Si la Cruz ha sido el Patíbulo de Jesús, el dolor de mí Corazón Inmaculado ha sido como el altar sobre el cual mí Hijo ha ofrecido al Padre el Sacrificio de la nueva y eterna alianza”. (13 de Julio de 1980).

Otra vez, podemos notar la esencia de la presencia de nuestra Madre en el Calvario, la razón del porque Ella puede ser el altar del Sacrificio, es Su “Fiat”, el regalo de Su Corazón, que la pone a Ella en el corazón de la tarea de la redención de la Santísima Trinidad. 

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Esta meditación no es justo un ejercicio de la academia teológica, pero, busca de ayudarnos a comprender nuestra unión, precisamente como sacerdotes, con el Corazón Inmaculado y, a través, con la vida de la Trinidad; nos da luz sobre las maravillas de nuestra Santa Misa. Si el Corazón Inmaculado de nuestra Madre estaba en el corazón de aquel sacrificio del Calvario como el altar, si Su Corazón Inmaculado estaba en el centro del cambio de amor entre las Divinas Personas, y el cambio de amor dentro de la vida íntima de la Trinidad, podemos decir lo mismo de nuestra Misa.

En nuestras oraciones Eucarísticas, hablamos de un Sacrificio perfecto, perfecto porque es de Dios y lo contiene a Él totalmente (Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad), en el punto que decimos “ Con Cristo, Con Él y en Él a ti Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo Honor y toda Gloria, por los siglos de los siglos”. Todo Honor porque no hay Otro en el Cielo o en la Tierra. Es la renovación  del mismo Sacrificio del Calvario, ofrecido esta vez a través de nuestras manos, de Dios a Dios, el Movimiento de amor en la vida de la Trinidad. 

Y así, justo con la renovación del Sacrificio del Calvario en la Misa, otra vez nuestra Madre está presente:

“Este Viernes Santo ese repite cada vez que Jesús se inmola por vosotros, aunque de modo incruento, en el Santo Sacrificio de la Misa. Místicamente se renueva para vosotros el don Supremo de esta jornada.

Pero, junto a Jesús que se inmola, se repite también la ofrenda dolorosa de vuestra Madre Celeste, que está siempre presente junto a cada Altar sobre el que se celebra la Santa Misa, como lo estuve durante el largo y doloroso Viernes Santo”.(20 de Abril de 1984).

Madre de la Encarnación, de la venida a la tierra del Amor de Dios, así también Madre de la Eucaristía, en el retorno de aquél Amor al Padre. Otra vez, donde sea que la Santa Misa es ofrecida, es ofrecida en el místico altar del Inmaculado Corazón de Maria,  y Ella es el punto de apoyo de este cambio. Estamos hablando, no sólo de la “presencia” de Maria, pero, de una “presencia activa”. Nosotros estamos necesariamente unidos a ELLA, la Madre con el Corazón Sacerdotal.  Por esto, buscamos de Ella la perfección del espíritu en el cual nosotros deberíamos vivir nuestras vidas sacerdotales, Ella nos comprende tan bien y desea formarnos, por eso es también bueno ofrecer la Misa con Ella, sobre el místico altar de Su Corazón Inmaculado, como Jesús hizo en el Calvario.  Ella permanece en el corazón de la vida de la Trinidad, cuya acción es renovada en nuestras manos.

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Con el final del trabajo de la redención en el Misterio Pascual, encontramos a nuestra Madre en el corazón de la gran efusión del Espíritu Santo. En Pentecostés Su presencia era necesaria, como la pareja del Espíritu Santo en la efusión de la Gracia. 

Y como Madre en el nacimiento de la Iglesia. Pentecostés fue un nuevo acto de maternidad, que continua  a través de la historia de la Iglesia, en cada alma perteneciente a Jesús:

“Como Madre de Jesús fui el medio escogido por Dios para que mí Hijo pudiera llegar a vosotros. En mi seno Virginal se realizó mí primera obra de mediación.

Como Madre vuestra he sido el medio elegido por Jesús para que a través de Mí todos vosotros podáis llegar hasta Él.

Soy verdadera medianera de gracias entre vosotros y mí Hijo Jesús. Mi misión es la de distribuir a mis pequeños hijos esa gracia que brota del seno del Padre, os la merece el Hijo, y la otorga el Espíritu Santo.

Mi misión es distribuirla a todos mis hijos, según las necesidades de cada uno, que la Madre conoce muy bien”. (16 de Julio de 1980).  

En esta labor, la Madre forma a Sus pequeños hijos, Sus hijos de predilección, para entrar dentro del mismo divino amor que con Su Hijo propio, invitándolos a entrar dentro de Su Corazón Inmaculado. El 28 de Junio de 1995, aquí en San Marino Ella nos dijo:

“Por ahora os doy la gracia de VIVIR EN EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, donde vuestra Madre Celestial tiene su habitual morada”.

Al principio de esta meditación, vimos cual es la gracia de cada persona bautizada de vivir dentro del ritmo y el lugar de la morada de la Santísima Trinidad pero,  dentro de aquella vida, hay un “corazón o una “íntima parte” en la cual vimos que nuestra Madre Celestial mora. Ahora Ella misma usa Sus palabras indicándonos a nosotros mismos, Sus Hijos consagrados, hablando de Su regalo especial.

¿Qué es lo que nuestra Madre dice? No nos cuestionamos aquí de “privilegios detrás de la norma” por aquellos que pertenecen a Su Movimiento. En vez, esta promesa fluctúa  desde el caso que ninguno aprecia y comprende nuestro sacerdocio como lo hace la Madre con el Corazón Sacerdotal, y Ella desea traernos a una apreciación como Ella propia lo hace del regalo que hemos recibido.

En esta obra de Ella, que es el Movimiento Sacerdotal Mariano, Ella nos revela Su deseo a renovar nuestra vida interior, en orden de crecer en la vida de los grandes misterios de nuestra fe así que, como sacerdotes, perteneceríamos a esta esfera sobrenatural, como Ella Misma. El divino cambio de Amor es introducido en nuestras manos, como lo es en las manos de Maria; nuestra verdadera morada es la Santísima Trinidad, y nuestra Madre desea que nosotros podamos encontrarla, en Su Corazón Inmaculado, a través de nuestra consagración. Si nosotros no pudiéramos encontrarla,  Ella nos tiene dicho:

“Hasta que no sea reconocida allí donde me ha querido la Santísima Trinidad, Yo no podré ejercer plenamente mí poder en la obra maternal de corredención y de mediación universal de todas las gracias”. (14 de Junio de 1980).

Ella desea hacer nuestro sacerdocio hermoso con la pureza que se merece, (pero que es totalmente inmerecido por las vasijas de barro que contienen) que es con “la más hermosa belleza de la Santísima Trinidad”(8 de Septiembre se 1990), la gracia de la Madre en Su Corazón Inmaculado. De esta manera, Ella nos muestra la unión entre nuestro lugar en la Tarea de Redención y la vida de la Trinidad.

Si nosotros vivimos nuestra consagración plenamente, entonces, viviremos en el lugar de la morada de Su Corazón Inmaculado, que es en el Corazón de la Trinidad. Su Misterio se vuelve nuestro.

Nosotros tenemos que dedicarle tiempo y atención a la contemplación de esta realidad de nuestra vida sacerdotal, en la profundidad de la fe y del Corazón Inmaculado:

¡Si supierais hijos míos predilectos, el don que habéis recibido al consagraros a mí Corazón Inmaculado! (29 de Julio de 1977).

“Mira hijo, a tu Madre Celestial. ¡Mira que hermosa es!

Su belleza es la obra maestra del Padre. La cuna del Hijo. La obra bellísima del Espíritu Santo. Es el jardín florido y cerrado, donde se cultivan desde siempre las delicias de la Santísima Trinidad. 

¡Mira sólo a tu Madre! ASÍ MÍ BELLEZA TE CUBRIRÁ”.(8 de Noviembre de 1976). 

Si scires donum Dei.  (Juan IV:10)