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La victoria de María

Parte 1

La Victoria de Nuestra Señora, hoy, en nosotros

Introducción

Por veintisiete veces en el libro, “A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen” encontramos la expresión “Mi Victoria”. Estas palabras siempre me han fascinado. Por algunos años le he dado a la palabra “Victoria” el significado que yo quería y que me gustaba, y que parecía verdadera a nuestra mentalidad tan humana.

Pero, mientras los años pasaban, desde que la “Victoria” que fuera acorde con mi vocabulario parecía fuera de mí alcance, me esforcé y comencé a estudiarla más.

Para comprender los Mensajes cuidadosamente, lo que Nuestra Señora realmente tiene por objeto decirnos con “Mí Victoria”, comienzo a ser más honesto, cada vez un poquito más, dejando a Nuestra Madre Celeste que me hable de la manera que Ella quiere. Quizás, esto sucede también con la Biblia. En realidad, como vamos creciendo en nuestra vida espiritual, descubrimos que en el pasado hemos aprendido muy poco de la “Palabra de Dios”. Al final de nuestra vida comprenderemos que somos todavía principiantes.

El 24 de Junio de 1996, el Padre Gobbi, nos ha dado una maravillosa meditación titulada: “El Triunfo, la Segunda Venida y el Reino Eucarístico”. Él  había tratado el argumento de una manera verdaderamente completa, desde el punto de vista de la Santa Escritura, de la enseñanza del Magisterio y de los Mensajes de la Madre Bendita.

En esta meditación yo no quiero, sin embargo, hablar de la “futura Victoria” que todos nosotros deseamos y  por la que nosotros rezamos en cada celebración de la Eucaristía, cuando proclamamos el Misterio de la fe: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección ¡Ven, Señor Jesús!

Me gustaría más, en vez, poner énfasis en la “Victoria” de Nuestra Señora que se realiza cada día en cada uno de nosotros. Al mismo tiempo, sin embargo, no quiero absolutamente disminuir la importancia de que Nuestra Señora aún en Fátima lo describe de ésta manera: “Y al final Mí Corazón Inmaculado triunfará”. Me gustaría sólo ver que nuestra Madre triunfa hoy en cada uno de nosotros, como Ella nos invita en Sus muchos Mensajes. Yo pienso que es siempre la mejor manera de estar listo para darle la bienvenida a Jesús, cuando Él venga de nuevo, a través del Corazón Inmaculado de Maria.

Nuestra Señora está triunfando también hoy

El 7 de Octubre de 1995, Nuestra Madre nos dio un mensaje hermoso titulado “Mí Victoria”.

“Soy la Reina del Santo Rosario”. “Soy la Reina de las victorias”.

La misión que me ha sido confiada por la Santísima Trinidad es la de dirigir la batalla y conducir a la victoria al ejército de los hijos de Dios que combate contra el potente ejército de los esclavos de Satanás y de los espíritus del mal.

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya: ella te aplastará la cabeza y tu tratarás de atacarle el talón”(Gn. 3, 15) Cada día Yo llevo adelante esta lucha y obtengo mí victoria”.  ( 7/10/1995).

Así que estamos sosteniendo, una batalla real contra Satanás. Maria nos habla de dos ejércitos.  En ésta meditación tratamos de elaborar nuestra presente situación, pensando en los mensajes de Nuestra Señora. Lo primero de todo, nos dice, que Ella obtendrá la victoria aún hoy:

“Estos son mis tiempos,”Éstos”, es decir, los días que vivís son “míos”porque son tiempos señalados por una grande y fuerte presencia mía. Estos tiempos se harán tanto más “míos”, cuanto más se extienda y se haga más fuerte mi Victoria, que ahora es de mi Adversario”.   (23/7/1987).

A la luz de la realidad, vemos que el mundo de hoy es tan tremendo y malo, y se cara a mis caídas en muchos frentes, estaría tentado a desanimarme y a rezar sólo por un futuro triunfo. Nuestra Madre, en vez, nos advierte que nuestro enemigo usa nuestro desaliento, y Ella no puede trabajar si estamos paralizados por nuestras caídas y nuestro desánimo.

“La primera arma que debéis usar es la confianza en Mí, es vuestro más completo abandono. Venced la tentación del miedo, del desaliento, de la tristeza.

La desconfianza paraliza vuestra actividad y ello ayuda mucho a mi Adversario.¡Manteneos serenos, estad alegres!

No es este el fin de mi Iglesia; se prepara el principio de su total y maravillosa renovación”.       (18/10/1975).

Si un día, queremos llegar a la victoria final, debemos confiar plenamente y estar entusiasmados con Nuestra Capitana.  Esta confianza es parte ya de su Victoria. Es  exactamente lo que Nuestra Señora nos dice en otro mensaje:

“Caminad con la mayor confianza. Caminad en pos de la Luz de Vuestra Madre Inmaculada.

Os recubro con mi mismo esplendor, os revisto de mis virtudes, os marco con mi sello,  os revelo los secretos de la divina Sabiduría. 

La Santísima Trinidad recibe hoy alabanza y gloria por vuestros labios, mis pequeños. Sois la alegría más profunda de Mi Corazón Inmaculado: vosotros sois ya parte de mi victoria”.      (8/12/1981).

La Victoria de Satanás sobre el hombre es la de robar de su corazón obediencia y amor por Dios.  La Victoria de Nuestra Señora es la de llevarnos de vuelta a la Santísima Trinidad:

“Con los más pequeños obtengo cada día mi victoria sobre Satanás y su poderoso ejército del mal, sobre las fuerzas satánicas y masónicas organizadas contra Dios, porque conduzco a mis hijos por la vía de la fe heroica, de la segura esperanza y del amor perfecto.

En ellos es glorificado el Padre Celestial; Jesús es amado y vivido por ellos; por ellos difunde el Espíritu Santo sobre el mundo la potencia de su divino amor”.     (8/9/1994).

Antes dije que es importante que estudiemos cada mensaje, para ver en que consiste realmente la labor de Nuestra Señora. Como Mediadora entre Jesús y nosotros, Ella ayuda a la humanidad, y a nosotros en particular a volver al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo. Para poder hacer esto, Ella  nos guía  en la pequeñez, humildad, fe, esperanza y caridad, así finalmente el Padre puede tomarnos en sus brazos.

Nuestro trabajo como sacerdote, es el mismo que el de Nuestra Señora. Ella nos pide traer a los fieles a la Consagración de Su Corazón Inmaculado, así el mayor número de gente puede comenzar el mismo viaje. Un ejército que sabemos que al final será el vencedor, no se para durante una batalla difícil. Un soldado que no lucha en la batalla, se llama desertor.

Ahora comprendemos la importancia del M.S.M. y de los mensajes de Nuestra Madre Bendita. En el mensaje que citábamos antes, que fue dado en Ottawa, Canadá, Ella dice:

“También en esta gran Nación, Yo os conduzco a la salvación y a la paz por medio de éstos mis pequeños hijos.

¡Mira cómo responden con generosidad y entusiasmo!

Mira cómo viven, con amor y reconocimiento la consagración a mí Corazón Inmaculado. Por medio de ellos, mi triunfo ya ha comenzado”.

Quince años han pasado desde este mensaje; Mirando la situación de la religión y la política de la Nación donde vivo, estoy tentado a dudar de que éstas palabras todavía sean verdad. Este miedo , sin embargo, no me frena de trabajar para Nuestra Madre.

No podemos hacerle muchas preguntas a la Capitana de nuestro ejército: pero debemos cumplir Sus órdenes rápidamente. Aunque si no lo notamos, Nuestra Madre Bendita  obtiene siempre Su Victoria. Aquí citamos un mensaje que el Padre Gobbi recibió la primera vez que vino a Eslovaquia, después de la caída del comunismo:

“En todas partes has encontrado una respuesta muy generosa por parte de todos a mí petición de oración y consagración. Te has admirado, sobre todo, porque has llegado aquí por primera vez y has encontrado a Mí Movimiento Sacerdotal Mariano tan difundido, aceptado y seguido.

Ésta es sólo Mí Obra y Yo Misma la llevo adelante en todas partes del mundo. Porque éstos son los tiempos de Mí triunfo, de mí victoria y de vuestra salvación”.             (12/9/1991)

El plan de batalla de Nuestra Señora

Ésta meditación se titula, “La Victoria de Maria”. Es una victoria continua en una batalla continua. Está visto que cuando hablamos de guerra, hablamos también de enemigos. La historia nos dice que muchas Naciones, para convencer a sus ciudadanos que necesitaban ir a la guerra, hacían una propaganda especial en contra del enemigo. 

Nosotros no necesitamos ninguna propaganda, porque Dios Mismo nos dijo claramente en las primeras páginas de la Biblia, quién es nuestro enemigo y quién está al mando de sus tropas. 

En el libro del Génesis, leemos lo que Él dijo a la Serpiente:

“Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: Ella te pisará la cabeza mientras atacas tú su calcañar”.(Gén. 3,15)

Dios ha anunciado una guerra continua y Él también anunció la Victoria. Es una lucha que Nuestra Señora y Su Hijo luchan en cada hombre y en cada mujer.

Sin embargo, Dios anunció juntas la Victoria final y nuestra victoria de cada día.

“Mi designio es el de conducir a la batalla al ejército de Dios para combatir y vencer las insidias de aquellos que se han puesto al servicio de Satanás y combaten para difundir en el mundo el reino del mal, del error, del pecado, del odio y de la impureza.

Mi designio es el de llevar a toda la creación a su primitivo explendor, de modo que el Padre Celeste pueda de nuevo reflejarse complacido en ella y recibir del universo creado su mayor glorificación”.      (8/12/1995).

Si queremos ayudar a Nuestra Madre, tenemos que evitar el pecado y ofrecer nuestra vida como un verdadero homenaje a la Santísima Trinidad. El Capítulo 12 del libro del Apocalipsis nos da algunos detalles más de la naturaleza de ésta guerra.

Nuestra Señora nos da una explicación que es  importante para nuestra vida de hoy.

“El enorme Dragón Rojo tiene el objetivo diabólico de sustraer toda la humanidad al dominio de Dios, a la glorificación de la Santísima Trinidad, a la plena actuación del Designio del que, por medio del Hijo, la ha creado para su Gloria.

El Señor me ha revestido con su Luz y el Espíritu Santo con su Divina Potencia; así Yo aparezco como un gran signo en el Cielo, Mujer vestida del Sol, porque tengo la misión de sustraer la humanidad al dominio del enorme Dragón Rojo y de reconducir a toda ella a la perfecta glorificación de la Santísima Trinidad”.         (14/5/89).

En otras palabras, es el mismo mensaje de Jesús, cuando Él comenzó a predicar:

“Éste es el tiempo de la conversión. ¡El Reino de Dios está cerca! “Convertios  y creed en el Evangelio”. Jesús habla del Reino de Dios que ya está  presente en el mundo y en nosotros.

La Victoria de las almas ofrecidas a Dios

Nuestra Madre nos da muchos mensajes donde Ella Misma nos explica el libro del Apocalipsis, que son para estos días. Mientras leemos estos mensajes, probablemente estemos tentados de considerar sólo sus elementos escatológicos.  Yo estoy seguro que nuestra Madre no intenta darnos sólo una interpretación Bíblica. A veces Ella nos explica estos pasajes, pero algunas veces, los usa para hablarnos de la necesidad presente.

El deber de un sacerdote consagrado a la Madre Bendita es ayudar a los fieles a abrir sus ojos y comprender la situación que se encuentran la Iglesia y el mundo de hoy.

Al mismo tiempo, Ella nos sugiere los remedios que necesitamos;

“Por eso me formo el ejército de mis más pequeños hijos, en todas partes del mundo, y les pido a ellos que se consagren a mí Corazón Inmaculado. De ese modo los conduzco a vivir sólo para la Gloria de Dios, por medio de la fe y de la caridad, y los cultivo, Yo Misma, celosamente en mi celestial jardín”.                           (14/5/89).

A mi me gustaría subrayar que volvamos al libro del Génesis, donde Satanás ha arrebatado al hombre del Corazón de Dios. Al mismo tiempo, Dios ha visto con satisfacción el futuro trabajo de la “Nueva Eva”.  Vamos a ver la continuación del mismo mensaje. Es la “Nueva Eva” que habla:

“Entonces, cada día Yo me presento ante el trono de mí Señor en acto de profunda adoración, abro la puerta de oro de mí Corazón Inmaculado y ofrezco entre mis brazos a todos estos mis pequeños hijos diciendo:

“Santísima y Divina Trinidad, en el momento de Tú universal negación Yo te presento el homenaje de mi maternal reparación, por medio de todos estos mis pequeños,  que cada día formo para Tú mayor glorificación”.                      (14/5/89).

Cada día y en cada momento de nuestra vida podemos convertirnos, en “amados hijos” de la Madre,como también en “amados hijos” del Padre.

Cuando celebramos la Eucaristía nos unimos a Nuestra Señora que estaba a los pies de la Cruz, y que está ahora al pié de cada altar. 

Así Ella ofrece a Su Hijo y a sus hijos al Padre. Que hermoso es para nosotros saber que somos parte de este amor ofrecido a Dios, como pequeños hijos preparados por la humilde Virgen Madre.

Ésta es la Victoria de Nuestra Madre que tiene su lugar en cada uno de nosotros.

El Padre Gobbi estaba en Fátima el 13 de Octubre de 1977, el aniversario del milagro  del Sol. En aquél día nuestra Madre Bendita dijo:

“Pero la más grande Victoria de mí Corazón Inmaculado de Madre consistirá en hacer que Jesús resplandezca en las almas de todos sus hijos. Algunos, entre los aquí presentes en este lugar, piensan hoy con añoranza:”!Que gran prodigio sería si se repitiese el milagro del sol!”

Pero, Yo lo repito cada día para cada uno de vosotros. Cuando os guío por el camino de Mi Hijo , cuando os ayudo a curaros del pecado, cuando os llevo a la oración, cuando os formo en la santidad. Es la Luz de este Sol, la que hago brillar cada vez más en vuestras almas y en vuestras vidas: el sol de mí Hijo Jesús”.     (13/10/77).

Después de éstas palabras tengo el coraje de concluir que tenemos que tener cuidado al significado que le damos a la Victoria de Maria.

La Victoria si somos fieles en el sufrimiento

En el Capítulo 12 del Apocalipsis leemos: “Entonces el Dragón despechado contra la mujer, se fue a hacer la guerra  al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios  y mantienen el testimonio de Jesús”.

La batalla de Satanás en contra de aquellos que están consagrados al Corazón Inmaculado de Maria, es porque Ella los guía a observar los mandamientos de Dios y dar testimonio de Jesús, Nuestro Único Salvador.

Es una guerra que èl lucha en muchos frentes, causando martirios, como hemos visto en los últimos 100 años ; causando muchas clases de persecución ya sea de la parte del ateísmo o gobiernos Masónicos, o a veces, de parte de nuestros propios sacerdotes. Pero, no debemos olvidar que hay otra persecución de la que nadie está excluido; las tentaciones brutales de Satanás en todos los campos. Él ataca siempre a los sacerdotes especialmente a los que son fieles a Nuestra Madre Bendita: por ejemplo persecución, deseo de hacer carrera, y en contra de la pureza. Esto es porque la Virgen Bendita nos dice frecuentemente, que a veces es una gran prueba.

“Esta Victoria se obtendrá por medio del triunfo de mí Corazón Inmaculado en el mundo, y esta victoria mía la alcanzaré con los sacerdotes de Mí Movimiento.

¡No busquéis, por ahora, otros prodigios en el Cielo: este será el único prodigio”

Por ésta razón, debéis prepararos en la oración, en el sufrimiento y en un completo abandono en Mí”.                      (30/11/74).

“Con vuestra oración, vuestro sufrimiento, y vuestra personal inmolación realizaré mí designio. Apresuraré el momento del triunfo de mí Corazón Inmaculado en el Reino de Jesús, que llegará a vosotros en Gloria”.           (12/11/81).

¿Por qué llamamos a la Victoria también sufrimiento? Encontramos la respuesta en la vida de Nuestro Señor Jesucristo, que hizo, de Su Cruz y Su Resurrección, Su Triunfo. 

Esto es lo que Él nos dice:

“Venid a Mí, todos los que estéis cansados y sobrecargados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mí yugo y aprended de Mí, que Soy manso y humilde de Corazón y  hallaréis descanso en vuestras almas. Porque Mi yugo es suave y Mi carga ligera”.

Jesús habla de descansar, porque mi yugo es suave y mí carga ligera. Muchas veces, cuando yo estoy sufriendo, le pregunto a Jesús qué significan estas palabras. Un día durante mi hora Santa, le dije a Él:

“Jesús, tú nos dices que si queremos ser tus discípulos, tenemos que tomar tu cruz y seguirte. Pero, recuerda que Tú también dijiste que vengamos a Ti, cuando estemos fatigados y sobrecargados, porque Tú nos ayudarás. Así que, dame a mí, un pequeño descanso, y haz esta carga un poco más ligera”.

Yo te aseguro, que al final de mi Hora Santa, no sentí más la carga que tenía antes. El problema estaba todavía allí, pero sentí en mi corazón la dulzura de Jesús que eliminó cada amargura. Yo llamo a esto una verdadera victoria de Jesús sobre nuestras cruces que aceptamos con fe, para vivir junto con Él.

Esta es una anticipación –en fe- de nuestra futura resurrección.

Conclusión: Nuestra Victoria

El siguiente versículo del Capítulo 12 del libro del Apocalipsis describe la canción de los benditos en el Cielo, después de la victoria de San Miguel y sus ángeles sobre el Dragón:

“Ahora ya ha llegado la salvación , el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día t noche delante de nuestro Dios. Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte. Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis.   (Ap. 12,10-12).

La fidelidad a Dios en  el medio de pruebas, tentaciones, y martirios fueron su gran victoria, que durará por toda la eternidad. En efecto, ellos fueron fieles a Dios hasta su muerte. Nosotros también , como Abraham, que estaba pronto para sacrificar a su hijo por obediencia a Dios, tendríamos que dejar a Dios que gane en nosotros, por medio de la “Sangre del Cordero”. En el Cielo Él nos dará la gloria  de la victoria por toda la eternidad. Seríamos recordados por este martirio que para muchos de nosotros será sangriento.

En Fátima la Madre Bendita nos ha prometido: “Y al final Mí Corazón Inmaculado Triunfará”.  Ella Misma está trabajando hacia esta meta con aquellos consagrados a Su Corazón Inmaculado y en particular con los miembros del Movimiento Sacerdotal Mariano. Ella quiere que cada uno de nosotros obtenga su victoria, así un día, nosotros también seremos capaces de cantar el himno de la victoria de los santos, como se describe en el libro del Apocalipsis.

Consecuentemente, nosotros tenemos que perseverar y ayudar a Nuestra Madre Bendita, que, a su vez está ayudándonos a obtener nuestra victoria:

Concluyo citando el mensaje del 7 de Octubre de 1995:

“Soy la Reina de las Victorias”

“La misión que me ha sido confiada por la Santísima Trinidad es la de dirigir la batalla y conducir a la victoria al ejército de los hijos de Dios que combate contra el potente ejército de los esclavos de Satanás y de los espíritus del mal.

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya: Ella te aplastará la cabeza y tú tratarás de atacarle el talón (Gn. 3,15)

Cada día Yo llevo adelante esta lucha y obtengo mi Victoria”. 

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