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El perfil espiritual de un sacerdote consagrado

Parte 2

Meditación 2ª Parte

Cuando hablamos de lo que forma nuestro espíritu, encontramos mucho de lo que es familiar en la espiritualidad tradicional de la Iglesia, y lo que es la función de un Movimiento. Sto. Tomás de Aquino nos dice que el movimiento existe ya sea para acentuar algo en la vida de la Iglesia el cual ha venido a ser olvidado o para dar énfasis a algunos aspectos de la vida que tiene una mayor importancia en el tiempo presente.

En otras palabras, de lo que tiene que hablar de la necesidad de los tiempos. Así es la naturaleza del espíritu  del Movimiento Sacerdotal Mariano, que delinea muchos aspectos de nuestra tradición Católica que necesita ser más intensificado en el momento presente de conflictos profundos dentro de la Iglesia. No es una cuestión de presentarnos con nuevas cosas, pero de ver muchas cosas juntas de una manera nueva– non nova, sed noviter. Es la manera de nuestra Madre de comprender el sacerdocio y su papel importante en el momento presente, Suya porque ha venido directamente de Sus Mensajes.

Nuestros hermanos los Cartujos (recuerdo que me he referido algunos años atrás de ellos) tienen un escudo, el cual consiste en un globo terráqueo, que giraba, y en lo alto una Cruz.  Abajo, hay una inscripción  “Crux stat, dum mundus volvitur”, “La Cruz se mantiene firme, mientras el mundo da vueltas”, parece una traducción razonable. Parece una buena pintura de lo que nuestra Madre está haciendo con Su Movimiento: estableciendo un sólido camino, que no es ningún otro que el camino de la Iglesia Católica claramente identificada por el Corazón Inmaculado de Maria y de acuerdo a Sus planes, mientras el espíritu del mundo continúa con sus fantasías y caprichos, muy a menudo profundamente pecaminoso. Es la “señal de contradicción”.

Nuestra Madre nos lleva dentro del corazón del sacerdocio: Ella nos guía a través de los caminos de la pequeñez, guiados por Su Mano, que nos recuerda, que ser un verdadero sacerdote significa ser, como nuestro Maestro, sacerdotes y víctimas, Sacerdos et Víctima. En esto, nuestra Madre no acepta compromisos, así como Ella no ofrece compromisos a Sus otros hijitos.  Benditos Jacinta y Francisco, quienes tendrían que ser modelos para nosotros, que quieren buscar como ellos, el camino de la pequeñez. En tanto, que Sus palabras son pronunciadas con la más profunda ternura maternal, no hace nada para contradecirnos a nosotros como sacerdotes, sino que tenemos que ser uno con nuestro  Sumo y Eterno Sacerdote. Nuestra Madre nos ofrece la Cruz en nuestro camino:

“Oh, así procedo con uno, así procedo con todos los sacerdotes de Mí Movimiento. Todos son hijos nutridos, besados, acariciados y arrullados por Mí. 

Para que pueda recostarlos a todos con mucho amor sobre el leño de su cruz, los debo preparar a este inefable y doloroso momento; deberán como Mí Hijo Jesús, ser inmolados en la cruz para la salvación del mundo. Entréguense, por tanto, a Mí como niños: El Corazón de Su Madre será el altar sobre el que se inmolarán como víctimas agradables a Dios, para su triunfo”. (19 de Noviembre de 1974).

“El camino por el que quiero conducir a mis hijos predilectos, los sacerdotes consagrados a Mí Corazón Inmaculado y de Mí Movimiento, es el de la Cruz.

Este es el camino que, deben recorrer los Sacerdotes llamados a formar Mí ejército, para que los hombres redimidos por Mí Hijo, pero arrebatados a Él por Satanás, puedan aún hoy salvarse a través de una intervención especial de Mí Maternal Corazón Inmaculado.

El camino de la Cruz, mis pequeños hijos, es aquél que, con Mí Hijo Jesús, vuestra Madre recorrió primero.

Recorredlo sin miedo, porque seréis conducidos por mí mano, alentados por mí amor de Madre.

Recorredlo Conmigo, en mí Corazón Inmaculado; así, al lado de vuestra cruz, sentiréis la presencia de la Madre que os confortará y os ayudará.

Este camino debe ser recorrido por vosotros, porque sólo así podréis ser en todo semejantes a mí Hijo Jesús. Mi misión es la de haceros en todo semejantes a Él”. (28 de Marzo de 1975).

Esto es en muchas maneras, nada nuevo; como hemos visto, la Iglesia ha tenido siempre delante de nuestros ojos la figura de Jesús como Sacerdote y Víctima; nuestro Sacerdocio participa en esto, y por tanto, en ambos estados. 

Pero, generalmente hablando, la expresión ha estado siempre usada de una manera mística, a compartir sacramentalmente en Su estado de Víctima (pero el estado sacerdotal a menudo a sido reducido, en algunos modos de pensar, lo que es llamado “La celebración”, (una palabra a menudo comprendida incorrectamente). 

La Solemnidad y la centralidad del sacrificio debe ser clarificada. 

Pero nuestra Madre nos invita a vernos a nosotros mismos con gran claridad a ser llamados como víctimas con Jesús, y recordar estas palabras con las cuales Ellas nos ofrece en la proclamación de Santa Teresa como Doctora de la Iglesia:  

“Ofreceos también vosotros como víctimas al Amor Misericordioso de Jesús, para que, a través vuestro, pueda derramar pronto sobre el mundo el gran prodigio de la Divina Misericordia”. (1 de Octubre de 1997).

Lo que tenemos aquí es un nuevo énfasis en el papel de los sacerdotes como víctimas, y de la importancia del lugar de la Cruz en su vida preciosísima porque él es un sacerdote.

Este es el aspecto más importante de nuestro espíritu, para nosotros mismos, pero también para la gente que llamamos ( porque nosotros compartimos el mismo espíritu, (mutatis mutandis). Nuestra Madre nos pide de tener una especial atención en el papel de sufrimiento, y en esto somos suyos en Fátima, donde estas lecciones formaron a los niños:

Jesús obra el prodigio de la Divina Misericordia, sobre todo a través de vuestro sufrimiento sacerdotal. 

Por esto ha llegado el momento en que Yo quiero haceros a todos conformes a Jesús Crucificado.

Configurados a Jesús Crucificado, en vuestro cotidiano ministerio sacerdotal.

Han llegado los tiempos en los que vosotros, mis hijos predilectos, debéis beber hasta el fondo el amargo cáliz que el Padre Celestial os ha preparado.

Aumentan los sufrimientos interiores, causados por vuestros propios límites, por la miseria humana, porque experimentaréis en vuestras vidas el peso de vuestra gran debilidad.

Aumentan también los íntimos dolores por causa de la incomprensión y de la marginación de las que frecuentemente estáis rodeados.

Os pido que saboreéis también  vosotros la hora dolorosa de Getsemaní.

 

 Configurados a Jesús Crucificado, sobre todo en vuestros numerosos sufrimientos exteriores.

Yo tengo necesidad de vuestro sufrimiento sacerdotal.

También para cada uno de vosotros he preparado el momento de vuestra personal crucifixión.( 21 de Noviembre de 1997).

Ofrecedme también vuestros sufrimientos:

Los interiores, que tanto os humillan porque provienen de la experiencia de vuestras limitaciones, de vuestros defectos, de vuestros innumerables apegos.

Cuantos más pequeños e ignorados son los sufrimientos que me ofrecéis, tanto mayor es el gozo que experimenta mí Corazón Inmaculado. (11 de Febrero de 1978).

 

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Este sufrimiento concierne no simplemente en aceptar heroicamente en nuestras vidas lo que nos es dado o permitido por Dios. Es una invitación positiva a seguir a Nuestro Señor a través del camino de la Redención de la Divina Misericordia. Nosotros vivimos en una época en la cual la Misericordia de Dios se derrama en nosotros por la gran urgencia en la que vivimos, porque como el Santo Padre nos dice en su “Dives in Misericordia”, una gran parte de la raza humana ha olvidado lo que estas palabras significan, y por tanto, no ruegan a la Divina misericordia. Estamos viviendo en el medio de un  mundo que está en gran medida, muerto espiritualmente. El espíritu de nuestro Movimiento flota directamente de la angustia del Corazón de  nuestra Madre ante la perspectiva de perder muchos de sus hijos ( y aún mas importante, de verlos perderse del Reino de Su Hijo) y es Su deseo recobrarlos. Nosotros somos llamados a ser Sacerdotes que nos consagramos para obtener esta Misericordia, así tanto, que nuestra Madre puede decirnos:

“Para la salvación del mundo: sed, en todas partes, los ministros fieles del Amor Misericordioso de Jesús, y dejaros conducir siempre por Mí que soy la Madre de la Misericordia, porque sólo con el triunfo de la divina Misericordia se puede realizar en el mundo el triunfo de mí Corazón Inmaculado”. (28 de Junio de 1995).

 

Nuestra Madre nos habla de esos hijos suyos, alejados: 

“¿Pero como ayudarlos? ¿cómo salvarlos?

Tengo necesidad de mucha oración, necesito muchos sufrimientos. Sólo con la oración y el sufrimiento de otros hijos buenos y generosos podré salvar a estos hijos míos.

He aquí el Movimiento de mis Sacerdotes: Yo lo quiero para reparar el daño inmenso causado en tantas almas por el ateísmo, para restaurar en tantos corazones degradados, la imagen de Dios, el rostro Misericordioso de Mí Hijo Jesús. Mis Sacerdotes son mis restauradores: ellos reconstruirán en muchas almas el rostro de Dios y así llevarán a muchos hijos míos de la muerte a la vida. 

Serán así los verdaderos consoladores de mí Corazón Dolorido”. (16 de Octubre de 1973).

El espíritu del Movimiento, es en cierto sentido, maternal, compartiendo con la preocupación de nuestra Madre por la vida eterna de Sus hijos.  No, debemos decir, con un “amor similar al Suyo”, pero compartiendo Su propio amor, como ya hemos visto, que hacemos todo con Ella y en Ella.

“Dadme todas las dificultades que encuentres, todos los dolores y abandonos que sientas. Nada consuela tanto a mí Corazón Inmaculado y Dolorido como un acto de sufrimiento que por amor me ofrecen mis hijos Sacerdotes.

También Mí Hijo Jesús ha querido ofrecer al Padre todo sufrimiento por medio de Mí, y junto Conmigo. De esta manera he llegado a ser verdadera Corredentora, por haber ofrecido libremente mí Hijo al Padre.

Ofrézcanme, estos hijos míos, todos sus sufrimientos, todas sus incomprensiones, todas sus dificultades. Es el regalo más grande que pueden hacerme, porque así me permiten realizar en el tiempo - ¡en este vuestro tiempo! – mi Misión de Madre y Corredentora. 

Salvaré a muchas almas, redimidas por Jesús, y ahora tan lejanas, porque mis hijos, Conmigo, satisfarán por ellas.

Oh, de ellos sólo quiero oraciones y sufrimientos: así consolarán verdaderamente a mí Corazón  y responderán al gran designio de Misericordia que por su medio estoy realizando”. (1 de Abril de 1974).

Estos pasajes demuestran claramente que la consagración al Corazón Inmaculado de Maria no es una acción que podemos entrar dentro fácilmente. 

Es un compromiso muy serio; ambos, en lo que se nos pide y en las consecuencias de  las almas. Mucho depende de ser vivido plenamente. Por tanto estas palabras, nos llevan de vuelta a la cuestión de la pequeñez. No todos somos llamados a este gran sufrimiento.  Yo veo a los miembros de un cenáculo que conozco en Inglaterra, en un grupo de veinte sacerdotes, dos que han tenido ataques del corazón y otros sufriendo del corazón, uno esperando una operación cardiaca, y otro que el estado de salud no le permite hacer nada, otro que tiene una condición psicológica, acompañado por las dificultades de la edad y mucha artritis (¡nuestra Madre es fiel a Su promesa de ponernos en la Cruz!) pero este no es el camino que estos sacerdotes son llamados a ofrecerse ellos mismos. Por el contrario, nuestra Madre nos dice, en los pasajes que anotamos, que le ofrezcamos los sufrimientos de cada día, en nuestro trabajo cotidiano, con los compañeros diarios, con nuestras dificultades, que nos habituemos a que todo esto debe ser ofrecido. 

Por esto, debemos ser pequeños, de ver el valor de cada cosa pequeña y, como nuestro Movimiento, nosotros “debemos hacer de esto una profesión”. 

Muchos de nosotros queríamos hacer un gran impacto público en el mundo o en la Iglesia, pero puede haber siempre una pequeña tentación de ser algo importante, que otros a lo mejor lo notan, o que deberíamos tener un rango o posición o prestigio en la Iglesia, en nuestra Diócesis o congregación religiosa. No es una gran invasión de soberbia, pero más vale algo pequeño y sutil, que solamente la vigilancia lo detectará.

En nuestro acto de Consagración al Corazón Inmaculado de Maria, “Nos comprometemos también, a realizar en nosotros aquella interior conversión, que nos libre de todo apego a nosotros mismos, a hacer carrera, a las comodidades, a lo fáciles compromisos con el mundo, para estar como Tú, siempre dispuestos a cumplir sólo la Voluntad del Señor”

Es una cuestión de tener nuestros ojos abiertos para descubrir cual es la verdadera Voluntad de Dios para nosotros, más vale que lo que desearíamos ser, es de ordenarla para hacer más perfecto el servicio a Él. No depende de nosotros  de ver, comprender  o proponer nada en nuestra vida, pero vale más estar contento con lo que Ella (nuestra Madre ) desea que sea así. El niño está contento de ser guiado por la mano de su Madre:

¿Por qué no quieres fiarte de Mí? Deja que sea Yo la que te construya  - momento tras momento – tú porvenir. A ti te basta decir, lo mismo que un niño; “Madre, me fío de ti, me dejo conducir por Ti. Dime, ¿qué debo hacer?”. (21 de Julio de 1973). 

Debemos repetirlo:  Confianza y Amor: sin esto, nuestras palabras son casi sin significado. 

Algunos de nosotros todavía recordamos una pequeña fotografía que una vez traje a San Marino, estaba hecho por un monje cartujano, y mostraba un niño pequeño mas o menos harapiento, que necesitaba que le limpiaran la nariz, con su mano en la de su madre, grande, fuerte y tierna. Un sacerdote inglés, mirando esa escena dijo que ese portarretrato para él, es el espíritu de nuestro Movimiento. El niño era un pilluelo, que necesitaba de todo, tan  pobre, pero él estrechaba su mano a aquella gran madre en que todo lo que él necesitaba estaba satisfecho. Éste sacerdote dijo: “¡Ahora comprendo quiénes somos nosotros: Somos los sacerdotes pilluelos de Maria!”. Sí, y felices de ser así. Para ser verdaderos pequeños nos puede ayudar también a ser agradecidos: 

“Él ha mirado a Su Siervo en Su nada” Los pequeños pueden ver la gran distancia que El Señor tiene que viajar para venir a ayudarnos en nuestra pobreza. Nosotros somos gente muy pequeña, enfrentados a este vasto, infinito poder de Dios, que se digna a incorporarnos dentro de este gran Trabajo que Él está llevando a través de Su Madre.

Nosotros no necesitamos comprenderlo, sólo es, ser fiel a seguirla a Ella.

“Sed sólo y siempre Mis pequeños niños, que necesitan de todo, gozando de recibir todo de Mí con toda simplicidad... De esta manera que os hablo puede dejar a muchos de los grandes, atónitos, pero es muy natural y simple para Mis pequeños niños”.  

Yo creo que esta pequeñez es el aspecto más importante de la vida entera del Movimiento y de vivir el espíritu de la consagración. Nosotros no tenemos nada de nosotros mismos para ofrecer, pero entonces, nuestra Madre nos viene de la manera más delicada. Lo tenemos visto:

“Ofrecedme también vuestros sufrimientos:

  • Los interiores, que tanto os humillan porque provienen de la experiencia de vuestras limitaciones, de vuestros defectos, de vuestros innumerables apegos.
  • Cuantos más pequeños e ignorados son los sufrimientos que me ofrecéis, tanto mayor es el gozo que experimenta mi Corazón Inmaculado”. (11 de Febrero de 1978).

¿A que se refiere nuestra Madre? Somos, todos nosotros, conscientes de nuestros fallos.

Nuestro deseo es ser santos, pero en vez de tener sentimientos que hacemos progreso en el camino, podemos sentir a menudo que vamos para atrás y somos concientes progresivamente de nuestros defectos, pero no siempre observados, no un pecado deliberado, pero algo, que por el momento, no podemos vencerlo. Sufrimos por nosotros mismos y por nuestra pobreza, por cosas que encontramos en nosotros mismos, que nos parecen sólo buenos para nuestra confesión. Nuestra Madre nos dice que Ella quiere de nosotros el ofrecimiento de nuestro verdadero ser, no lo que querríamos ser. Si esto envuelve el ofrecimiento de un ser que es imperfecto, y que nosotros sufrimos por este hecho, este sufrimiento es suficiente para ser un ofrecimiento bienvenido a Su Corazón Inmaculado, y  ¡aún el significado de salvar almas! Yo encuentro que esto es el mayor consuelo en Sus Mensajes, y es verdaderamente maternal.

 

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Pero también es posible de notar otros dos aspectos de nuestro espíritu. Nuestra Madre nos habla de “consolar” o “confortar” Su Corazón Inmaculado, expresiones que ya hemos oído en Fátima. Además, siendo una consagración exigente y en muchos aspectos austera, es también una promesa en un espíritu de ternura hacia nuestra Madre. El Movimiento Sacerdotal Mariano es dirigido hacia el corazón, y tiene su base en la relación de nuestra Madre con Sus Hijos. Un sacerdote que verdaderamente pertenece a Ella advierte la profundidad del sufrimiento en Su Corazón y busca de consolarla. Esto es lo que da el tono a la invitación de ser víctimas del Amor Misericordioso de Jesús. 

Como nos explicó Santa Teresa, que es distinto de ser simple víctimas de la Justicia Divina. Es a través de vivir de esta manera, como niños pequeños sobre el Corazón de su Madre, que los niños de Maria harán reparación en el corazón del mundo lleno de pecado, y ayudar a ganar la gracia para muchos de Sus hijos perdidos a retornar al Padre. En su pobreza, ellos ofrecerán su nada a Él a través del Corazón Inmaculado, llenos de esperanza y confianza en Su Misericordia, que Él responderá con  la gracia de  la Misericordia dónde se necesite. Su pobreza y la nada serán la  voz de la necesidad de este mundo desesperado, a través del Corazón Inmaculado de Maria.

“Tu presencia, hijo mío, debe ser como una reparación. Debe ser por tanto, una presencia de amor y de oración, de vida Conmigo. 

Así es hoy la presencia en el mundo de los Sacerdotes de mí Movimiento, consagrados a Mi Corazón Inmaculado y ofrecidos por Mí al Padre como signo de reparación.

Por eso, cuanto más aumente el pecado, tanto más crecerá su amor a Dios, cuanto más el fango inunde todas las cosas, tanto más limpia y esplendorosa será su pureza; cuanto más se propague la apostasía, tanto más heroico será su testimonio de fe, hasta el derramamiento de sangre.

Así serán signo de reparación: por su amor, por su fidelidad, por su pureza.

Y sucederá que por estos hijitos míos, consagrados a mi Corazón, el mal no prevalecerá: al contrario, será al fin derrotado. 

Con este objetivo han sido todos ellos elegidos por Mí y preparados para esta gran purificación de la tierra. Desde este lugar bendigo a todos con gran abundancia de gracia, con tu Director espiritual que he puesto a tu lado y que cada vez hago instrumento más dócil en mis manos para mis designios, con todos estos mis pequeños niños que te hacen compañía”. (24 de Julio de 1975).

Reparación. Ha estado  instituido en una amistad con el Corazón sufriente de la Madre, y con Ella, el Sagrado Corazón sufriente de Jesús, como el corazón del pequeño Francisco, que pasaba largas horas en la parroquia, oculto detrás del púlpito “para consolar a Jesús escondido”: él era un verdadero amigo del Sagrado Corazón. Por tanto  viene de un corazón de oración. Viene también desde un corazón optimista,  porque esta reparación está hecha (como todo lo demás) con María, la Omnipotencia Suplicante, debe ser muy eficaz y gana la gracia de nueva vida en el mundo. 

 

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Todas estas cosas que forman parte del espíritu que nuestra Madre desea formar en Sus hijos, pequeños. Oración, una conciencia de misericordia, una consagración de sufrimiento y de estar hecho para el sacrificio, de amistad de corazón con el Señor y con su Madre, que vienen juntos en una sola realidad: aquél del Corazón Eucarístico de Jesús. Y también nuestra Madre nos recuerda que el triunfo hacia el que Ella está trabajando en el mundo es aquel de Su Hijo Eucarístico: 

“El Reino glorioso de Cristo coincidirá con el triunfo del Reino Eucarístico de Jesús. Porque en un mundo purificado y santificado, completamente renovado por el amor, Jesús se manifestará sobre todo en el Misterio de Su Presencia Eucarística.

La Eucaristía liberará toda su Divina potencia y será el nuevo sol, que reflejará sus rayos luminosos en los corazones y en las almas y después en la vida de cada uno, en las familias y en los pueblos, formando de todos un solo redil, dócil y manso, del que Jesús será el único Pastor. (21 de Noviembre de 1993). 

Otra vez nada nuevo aquí, pero una invocación hecha por nuestra Señora, por la gran necesidad de la Iglesia de hoy por la adoración eucarística. 

Así muchas iglesias se quedan vacías, de lo que Ella se queja amargamente, aunque hay ciertamente un renacimiento de adoración en muchas de ellas, pero para un sacerdote en particular la adoración es parte de la esencia de su vocación. 

Él pertenece al lado de su Señor Eucarístico, porque su vida debe ser una sola cosa con Él. Todas estas virtudes que nuestra Madre desea formar en Sus hijos Sacerdotes se encuentran en el Jesús escondido y son el ejemplo ofrecido a nosotros como el modelo de un sacerdote de Maria. Él debe ser pequeño como el Único que es tan pequeño en el Sacramento de la Ostia; él debe ser un sacrificio con Él Que es Sacerdos et Víctima (Sacerdote y Víctima), llamado a ser consagrado en sufrimiento por su gente, un punto de reconciliación con Él Que reconcilia el mundo a Dios, un punto de amistad y unión con la Santísima Trinidad:

No os llamo más siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace el dueño; por eso os llamo amigos, porque lo que he oído a Mí Padre Yo os lo doy a conocer”.    ( Jn XV, 15 )

 

Nuestra Madre nos prepara en este espíritu y nos ofrece a Su Hijo en adoración, pero aquélla adoración atrae desde Él una respuesta de bendición que forma el modelo  Eucarístico de Él Mismo en nosotros y hace fuerte aquélla realidad. Esto es así  para todo, pero en la vida de un sacerdote esto tiene que tener un significado especial, porque él ha sido llamado, en su indignidad, a vivir y actuar in persona Christi. Su presencia de adoración es el reflejo de esto:

“Pero ante el Tabernáculo, vuestra presencia, no sólo sea una presencia de oración, sino también de comunión de vida con Jesús...

Jesús Eucarístico se hace la nueva forma de vuestra santidad sacerdotal, a la que llegáis a través de una diaria y escondida inmolación: de una capacidad de aceptar en vosotros los sufrimientos y las cruces de todos; de una posibilidad de transformar el mal en bien, y de obrar profundamente para que las almas que os están confiadas, sean conducidas por vosotros a la salvación”.  (21 de Agosto de 1987).

 

Nuestra Madre nos dice: “Secundad mí acción que tiende a transformaros interiormente para haceros a todos Sacerdotes según el Corazón Eucarístico de Jesús. El triunfo de mi Corazón Inmaculado no puede realizarse sino con el triunfo de mí Hijo Jesús, que volverá a reinar en los corazones, en las almas, en la vida de cada uno y de las naciones: en la humanidad. Pero Jesús, como está en el Cielo, así también se halla en la tierra realmente presente en la Eucaristía: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Su reino glorioso resplandecerá sobre todo en el triunfo de Jesús Eucaristía, porque la Eucaristía volverá a ser el corazón y el centro de toda la vida de la Iglesia”. (14 de Junio de 1979).

Aquí nuestra Madre nos lleva al pináculo dentro del espíritu que Ella nos guía:  y Ella también nos hace el instrumento del Espíritu Santo, digitus Spíritus Sancti dexterae. “Él tomará de lo que es Mío y os lo dará a vosotros”. (JN. XVI, 14). Este es el pináculo,  es Jesús. 

 

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El sacerdote consagrado al Corazón Inmaculado de Maria es simplemente un sacerdote de la Iglesia Católica. Como tenemos dicho, lo que tenemos en común no es una orden diferente de congregación, carisma o un camino de comportamiento, pero nuestro sacerdocio común. 

Es este sacerdocio que nuestra Madre tiene la misión de renovar,  en el corazón de Su Iglesia. Lo que es diferente es que se está formando en el Corazón Inmaculado de Maria, en Su Espíritu, pero que es el auténtico espíritu del sacerdocio, por eso que Jesús entregó Sus Sacerdotes en la persona de San Juan:  “Ecce, Mater tua” (Jn. XIX, 27).

Un sacerdote del Movimiento es un sacerdote de la Iglesia a través de la armonía de su vida con aquella de la Iglesia, a través de la obediencia al Santo Padre y a la Jerarquía y una total comunión con ella.

Es el segundo compromiso que hacemos en nuestra consagración,  y específicamente en las palabras del acto de la Consagración. Una vez más, vemos aquí un énfasis de algo necesario en nuestros tiempos. Nuestra Madre ha creado el Movimiento precisamente para  la atmósfera espiritual  de estos tiempos particulares, en que la unificación del Magisterio está  desafiada repetidamente. Ella ha puesto esta unidad con el magisterio en el centro de nuestro espíritu, diciendo que uno no puede ser auténticamente un sacerdote Católico sin esta unidad, como el Santo Padre dice que ninguno que sea diferente de la enseñanza de la Iglesia Católica puede llamarse a sí mismo Católico.

Ella nos pide una profunda simpatía  y compasión por la Iglesia.

Vivimos en una Iglesia que está sufriendo, en su Calvario, y estamos llamados a ser fieles a ella y al Santo Padre, como él está subiendo y también que lo sostengamos:

“¡Sobre todo al Vicario de Mí Hijo Jesús le dejan cada vez más sólo! Se le calumnia, hasta en las formas más vulgares y blasfemas; se le critica, se le contesta t de día en día mis hijos le dejan cada vez más sólo.

Vosotros debéis compartir su suerte; ésta es para él y para vosotros la hora de Getsemaní. Vividla Conmigo, en mi Corazón Inmaculado. Vosotros sois la corona de amor formada por Mí para ponerla, como un consuelo, alrededor del Corazón de Mí Hijo Jesús y de su Vicario en la tierra.

Por lo cual os pido oración, sufrimiento, silencio”.  (3 de Abril de 1976).

Otra vez, una profunda presencia de oración y reparación. Todo esto vuelve a ser lo más agudo en el presente clima de escándalos en la Iglesia, de varias formas. Sin embargo, para nosotros, puede ser la ocasión para levantar nuestros ojos con optimismo. Lo que vemos es, la revelación de lo que Satanás ha trabajado profundamente por años en un ocultamiento silencioso, pero también es el tiempo de la purificación, cuando el demonio oculto es traído a la superficie, como el veneno hirviendo debe ser traído para ser esparcido, así la herida debe ser limpiada. Nuestra misión es mantenernos en la fe, y dar confianza, coraje y fe a nuestra gente en los momentos dolorosos.  

Mientras en Estados Unidos, yo encontré una Tendencia a interpretar la masacre del 11 de Septiembre como un posible cumplimiento de la gran prueba predicha por aquella nación en consecuencia de los pecados de inmoralidad y de separación del magisterio de la Iglesia:

“Conoceréis la hora de la debilidad y de la pobreza: la hora del sufrimiento y de la derrota; la hora purificadora del gran castigo”. (15 de Noviembre de 1990).

Pero aún en la hora purificadora en el sufrimiento,  es sólo para nuestro bien en la misericordia de Dios. Nuestro lugar es estar al lado de Ella con total optimismo:

“La esposa de Mí Hijo Jesús aparece todavía llagada y oscurecida por su Adversario, que parece estar cantando su completa victoria.

Él está seguro de haber vencido en la Iglesia por la confusión que ha subvertido  muchas de sus verdades, por la indisciplina que ha llevado al desorden, por la división que ha atacado a su unidad interior, por la persecución oculta y solapada que la ha crucificado de nuevo.

Más he aquí que, en su más crudo invierno, ya brotan los retoños de una vida renovada. Ellos os dicen que la hora de vuestra liberación está cerca.

Para la Iglesia está a punto de surgir la nueva primavera del triunfo de  mi Corazón Inmaculado.  Será siempre la misma Iglesia, pero renovada e iluminada , convertida por la purificación en más humilde y fuerte, más pobre, más  evangélica, para que en Ella pueda resplandecer para todos el Reino glorioso de mi Hijo Jesús”. (9 de Marzo de 1979).

En esta situación, “El Movimiento Sacerdotal Mariano es una pequeña semilla plantada por nuestra Señora en el jardín de la Iglesia. 

Muy rápidamente vino a ser un gran árbol, que ha esparcido sus ramas en cada parte del mundo. 

Es una Labor de Amor, que está causando el Corazón Inmaculado de Maria la primavera en la Iglesia de hoy, para ayudar a todos sus hijos  a vivir, con confianza y  esperanza filial, a través de estas horas finales de purificación”.        

 

Michael Gaughran SSC  

Retiro Internacional

Collevalenza ,  Junio 2002

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